Herramientas para vencer los acotimias

Herramientas para vencer los acotimias
Hay personas que emplean diferentes ejercicios para librarse del ente hostil, librarse de todos esos pensamientos que hemos aceptado como nuestros pero que no lo son.

Esas personas llegan a ser conscientes de esos pensamientos negativos e intentan deshacerse de ellos mediante técnicas rituales, como asociar esas ideas con personas a las que detestan y que no quieren en sus vidas. Como consecuencia de esto, uno acaba por identificar el pensamiento negativo con alguien que aborrece y decide ignorarlo (que no eliminarlo).

Yo considero que una herramienta tiene validez cuando da resultados de forma estándar, esto significa, que sirven para cualquier persona. Me considero a mí mismo, dentro de las definiciones que uno se pueda acuñar, un ingeniero metafísico. Mi mayor habilidad es crear herramientas. Es lo que mejor se me da. Pero ¿cuál es el límite de una herramienta? ¿Hasta dónde llega? ¿Es una herramienta que te invita a practicar un ritual o te invita a dar con una solución permanente?

No es lo mismo estar librando todos los días una misma batalla, aunque tengas un porcentaje de ganancia del 99% de todas las veces que vivas la batalla, que librar una batalla de mayor magnitud, pero que te termine. ¡Fin de la batalla!

Tengo muchas herramientas y considero que evaluar el pensamiento mediante ejercicios rituales no es lo correcto. Considero que sería más bien una autoevaluación para saber dónde está el límite de esa herramienta que yo utilizo. Si uso esa herramienta, por ejemplo, al ponerla en práctica, asociando la idea al nombre de alguien al que odio, habrá momentos en que la mente utilice todavía más información de la que tú hayas acuñado de esa persona, y te la lanzará todavía con muchísima más violencia y muchísima más fuerza, de tal forma que llegará un momento en el que será imposible que se calle. O puede que haya momentos en los que deje de hablarte, porque se ha dado cuenta de que ganas la batalla hablando y empieza a enviarte solo sensaciones. Empiezas a sentir cansancio. Empiezas a sentir un poco de inseguridad, un poco de impotencia, un poco de temor. No sabes por qué lo sientes, pero es como si te golpeasen, se escondieran, y te volviesen a golpear. Llega un momento en que te ves viviendo la misma maldita apatía de nuevo.

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Cuando te quieres dar cuenta, estás sintiendo lo mismo que te hacían sentir las declaraciones de esos pensamientos que asociaste a cierta persona. Sin embargo, habrá momentos en que quizás obtengas la gloria al asociar un nombre y notes una liberación y una recuperación de capacidad ligada a un empoderamiento.

Pero no es aconsejable poner en práctica herramientas que estén funcionando a medias, donde sigue apareciendo por dentro el temor de no saber hasta cuándo me servirá, cuándo regresará el ente hostil y me la tirará abajo, como ya ha hecho con todas las anteriores, porque todas funcionaban. O también existe la incertidumbre de que se me olvide ponerla en práctica.

Esto suele ocurrir cuando disponemos de herramientas estupendas, como las que se muestran enel libro El poder de la hora. Hay tanto valor en esas herramientas que uno cree que tienen las manos llenas de oro. Pero algo dentro de nosotros nos alerta y nos entra miedo, miedo de olvidarnos de poner esas herramientas en práctica con la rigurosidad que exigen. ¿Hasta cuándo funcionarán como funcionan hoy? ¿Cuándo empezarán a perder efectividad? Porque da la sensación de que ese ente hostil tiene la habilidad de aprender y contraatacar tu nueva herramienta o encararse a tu nuevo ataque. Está dentro de ti. Conoce lo que vas a hacer en el momento en el que lo piensas, por lo que la batalla se tiene que librar desde otro nivel.

Desde el punto de vista de Espiritulogía, el 95% de las herramientas son buenas y te servirían para acabar con el ente hostil. Pero todo el mundo falla en hacer pertimia. Per- es la acción de pasar a través de, y -timia es espíritu, mente, alma. Por lo tanto, habilidad de atravesarte a ti mismo, pasar por en medio de ti. Esto equivale a continuar, insistir, porque la mente se impone en ti y te distrae. Es un mecanismo perfecto para hacerte abandonar en nombre de la ayuda.

Dos conceptos fundamentales para eliminar el ente hostil

Ahora quisiera compartir dos cosas:

Por un lado, un concepto muy claro para acabar con el ente hostil, porque quería hablar del emprendimiento, pero si te sientes mal, no esperes buenos los frutos. Eliminar al ente hostil va a hacer mucho por tu vida, no solo por tu capacidad de emprendimiento.

Para acabar con el ente hostil necesitarás un mentor, pero no un mentor que te vaya a enseñar qué es la vida y cómo manejarte por ella. Debe ser una persona que está preparada solo para hacerte continuar, porque el camino hacia la eliminación de ese ente hostil es un campo de minas donde no hay espacio entre ellas. Esto significa que, pises donde pises, explota. Pero se puede conseguir, y posiblemente sea el mejor camino que hayas vivido en todas tus vidas, sobre todo el resultado.

El segundo concepto que quiero compartir es el siguiente: cuando tengas una creencia identificada en ti, es decir, una conclusión en primera persona, conviértela en segunda persona. Si tú, por ejemplo, te dices a ti mismo: “no valgo”, lo primero que has de preguntarte para ser concreto y entrar dentro de una cadena es “no valgo, ¿para qué?” Y que la respuesta sea siempre lo primero que te venga, porque ahí accedes directamente a tu banco de información. Si esperas mucho, el agente hostil empezará a prejuiciarla y posiblemente te hará abandonar.

Por lo tanto, afirmaciones como: no valgo para “tener dinero”, “ganar dinero”, por ejemplo, debes convertirlas en segunda persona: “no vales para ganar dinero”. En ese momento utilizas esta herramienta: conversión en luz. Todas las herramientas de Espiritulogía son herramientas repetitivas, porque cada vez que tú cumples con una ronda de la herramienta que voy a compartir contigo a continuación, tú has logrado avanzar. En todo momento estás avanzando con una resistencia impuesta que se siente hostil. Entonces, gracias a repetir, lo que estás haciendo es mantener tu intención en eliminar. ¡Por eso eliminas!

La herramienta consiste en lo siguiente:

Paso número 1: coloca justamente delante de ti, a través del campo de tu imaginación, el acotimia en forma de palabras. Cuando lo hayas hecho, utilizas, por ejemplo, el siguiente acotimia: “no vales para ganar dinero”. Ojos cerrados y justamente delante de ti, a través del campo de tu imaginación, es decir, ver escrita en tu mente la frase “no vales para ganar dinero”. Puedes verla nítida, es decir, puedes ver la frase con una nitidez despampanante, o la puedes ver borrosa, o puedes no verla, pero sí percibir que está colocada ahí delante. En ningún momento es un requisito que lo veas o que no lo veas, pues todo va a depender en gran medida de cuánto te pueda estar saboteando este ente hostil. Si estás esperando a que te sabotee, es normal que no lo veas, pero percibirás que está la frase ahí.

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Paso número 2: convertir ese acotimia, esa frase, junto con el color de fondo, en luz. Todo lo que hay debe convertirse en luz, pero no como si las palabras se encendieran como neones en un paseo de Las Vegas… Todo se ha convertido en luz y lo único que ves es luz blanca. Cuando hagas esta práctica es normal que notes resistencia. Es normal que haya momentos donde la luz sea muy brillante, despampanante y luego pase a un color, por ejemplo, un poco más apagado. Es normal. No dejes que esto te afecte, porque lo único importante y lo único que va a hacer que realmente lo elimines es la intención que estás emergiendo en ti tras repetir la herramienta una y otra vez. Eso hará que caiga por completo.

Por lo tanto, el paso número uno es colocar justamente delante de ti ese acotimia en forma de palabra. Cuando lo hayas hecho, conviértelo (junto con su fondo) en luz.

Paso número 3: repite el paso 1 y 2 hasta que hayas experimentado una liberación e indiferencia total acerca del significado de ese acotimia.

Esto no es PNL. En la PNL, tú entras y estás tratando de encontrar, desde mi punto de vista, una solución constante dentro. Entonces, si la persona experimenta resistencia para convertirlo luz, pues lo convierte (por ejemplo) en un elefante. Es decir, estos pasos están identificados y están testados en multitud de personas y funcionan. No esperes no encontrarte resistencia, porque el mero hecho de que tú en tu interior tengas un “invalidador” es negación a la validez o a la funcionalidad de una herramienta. Es ese propio ente hablando y diciéndote que contigo eso no funciona.

Es muy difícil, te va a costar mucho. Insisto. No esperes no encontrar resistencia. Atraviesa la resistencia y, entonces, obtendrás resultados. Mantente en uno mismo, porque, de lo contrario, va a ganarte la batalla distrayéndote. Mantente solo en una. Cumple los tres pasos. Repite el paso 1 y 2 hasta la liberación e indiferencia. La indiferencia es que tú sientas lo mismo al ver ese pensamiento que ver un coche aparcado en la calle: nada. De lo contrario, te manejará como el conejo que va detrás de la zanahoria.

En Espiritulogía nunca se cambian pensamientos negativos por pensamientos positivos. Si tú eliminas el acotimia “no vales para ganar dinero”, esa resistencia ya no la experimentarás cuando tengas la intención de ganar dinero.

Imagínate que te dispones a hacer una carrera, un sprint de 100 metros. Hay un individuo con la pistola dando el pistoletazo de salida para que tú salgas. Te dispones a salir y aparezco yo por detrás, te agarro y ejerzo una fuerza opuesta a tu dirección. ¿Qué ocurriría? Te costaría mucho avanzar. Quizás podrías arrastrarme, pero te costaría una barbaridad. Ahora bien ¿qué ocurriría si de golpe y porrazo te suelto? ¡Avanzas y te vas!

Si tú quieres crear, lo único que necesitas es sentirte de una determinada forma para crear. Por ejemplo, un sentimiento muy bueno es el sentimiento de gratitud, porque es coherente si ya has recibido lo que quieres. Esto podrías empezar a sentirlo de una forma sencilla, hablando en pasado: “Gracias, gracias, gracias porque he logrado ser millonario y lo soy. Gracias, gracias, gracias”. A continuación, experimenta cómo te sientes. Hablar en pasado te va a hacer sentir y ese sentimiento te va a vincular con ideas, circunstancias, eventos y personas que van a dejar en tu vida exactamente todo lo que es coherente con ese sentimiento.

La fórmula es hablar pasado y que esa conversación en pasado te derive en expresiones de tiempo presente. ¿Qué significa esto? Imagínate que quieres una casa en la playa: “gracias, gracias, gracias porque he logrado comprarme la casa perfecta para mí en la playa y me encanta, es preciosa y me siento súper a gusto en ella”. Porque cuando tú, por ejemplo, cuando tienes aquello que tú quieres, no lo describes, sino que lo disfrutas con sentimientos presentes.

Esa comunicación, esa declaración hablando en pasado ha de terminar en expresiones de ese tipo. Por lo que la visualización (si tiene que surgir) de aquello que tú quieres, sea una consecuencia automática de cómo te estás sintiendo y que no sea tratar de imaginar para sentir.

Cuando tratas de imaginar para sentir, hay veces donde imaginas y sientes; pero hay una gran mayoría de las veces donde se mete ese ente hostil y estás tratando de verlo, estás sintiendo una especie de bloqueo al que no puedes ni ponerle nombre, tu atención se está yendo a esa parte del cuerpo donde sientes el bloqueo como un agujero negro y al final terminas con apatía.

De ahí que sea tan importante conversar en pasado para terminar en exclamaciones de tiempo presente.

Al hablar en pasado, lo que ocurre es que te mueves por tu línea de tiempo y vas al futuro. Entonces estás ubicado en un espacio diferente en el que eso es real. Por lo tanto, sientes la realidad. El ente hostil tratará de meterse, pero de esta forma es mucho más fácil conectar con el único fin de los ejercicios de visualización, que es sentir. Si sientes ese día, tienes ideas y ves todo mucho más cerca. Si sientes mal, lo ves todo mucho más lejos. ¡El objetivo debe ser sentir, no hablar!

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