La gran pregunta: ¿Cómo ser feliz?

¿Cómo ser feliz?
En apariencia, para ser feliz, necesitas algo que te dé esa felicidad. ¡Ahí está el error! Voy a compartir una reflexión que te inspirará.

Considero que la felicidad es un tema candente, codiciado, anhelado, es un tema buscado. Y considero que también es un tema encontrado por algunas personas. ¿Dónde está aquí la dificultad? Está en lo siguiente: cuando una persona ha encontrado su felicidad estable, ¿cómo logra esa persona que otros le dupliquen? Es decir, ¿cómo logra que otros experimenten felicidad de la misma forma que lo experimenta la persona que ha logrado comprender cuáles son las pautas, los pasos a dar para sentirse feliz momento a momento?

Te recomendamos que leas antes:

»¿Qué es la felicidad?

¿La felicidad es tener algo?

Espiritulogía me ha ayudado a mí y a muchas otras personas a encontrar mi propia felicidad y mi propio amor, y considero que es maravilloso. Sin embargo, hubo un momento en el que me di cuenta de algo, y es que muchas veces vinculamos las compras, los medios de vida, las relaciones de pareja, la familia, las relaciones de amistades, los hobbies… como un medio para un fin.

Es decir, si me compro algo nuevo, podré ser feliz; si tengo una relación de pareja, podré ser feliz; si tengo una relación de familia armoniosa, podré ser feliz; si tengo unas amistades que son afines a mí y que además me aportan y compartimos un montón de cosas, pues seré feliz…

En apariencia, para ser feliz, necesitas de algo que te pueda dar esa felicidad. ¡Es ahí donde está realmente el gran error! Voy a compartir un ejemplo por si pudiera servir de inspiración y sumar:

Observo cómo el ser humano es capaz de experimentar momentos de felicidad, días donde te levantas y, de forma natural, sin haber hecho ningún tipo de ritual, te has levantado y te sientes feliz, te sientes capaz, te sientes empoderado, te sientes lúcido, te sientes resolutivo, te sientes abundante, te sientes divertido y sientes que te gustas. ¡Además, te gustas! Te gusta tu cuerpo, te gusta la forma en la que te expresas, te gusta la forma en la que recibes la comunicación de los demás y te gusta todo. ¡Te gusta todo!

Considero que lo que ocurre en ese momento es maravilloso. Entonces, desde ese momento en el que tú te sientes feliz contigo mismo y sientes felicidad con todo lo que te rodea, aunque haya problemas, eres capaz de encararlos desde un punto de vista desde la felicidad: si no se resuelven ahora, ya se resolverán. Tomas decisiones diferentes, actúas de una forma diferente. Tienes ideas diferentes para crear cosas en un futuro: más contributivas, más abundantes, más prósperas, más amorosas…

Sin embargo, cuando te levantas pesado, denso, cabizbajo, un poco apático, quejoso, te quejas de ti, te quejas de tu pareja, te quejas de tu hijo, te quejas del trabajo… Ese día parece que, para llegar a sentir ese momento de felicidad como el que sentiste días atrás, tienes que utilizar, desde mi punto de vista, algo poco deseado: el esfuerzo. Tengo que esforzarme en tratar de equilibrarme, en guardar las apariencias, en sentirme bien, en no contestar mal, salvar un proyecto… y te pones a hacerlo hasta salvar el día.

La felicidad como estado y predisposición

Comparemos estos dos tipos de día. El día en el que, de forma natural, te sientes feliz. Observa cómo es un día en el que las cosas te salen bien de forma natural y tienes tendencia a acertar.

Por otro lado, los días en los que estás tenso como una piscina de petróleo, hay una tendencia a que las cosas te salgan mal antes de empezar a hacerlas y hacerlas es un mar de complicaciones. Son días en los que posiblemente vives con pensamientos donde utilizas muchos más tacos que los días en los que te sientes feliz.

¿Qué conclusión sacamos de esto? Aprende a sentirte feliz para amplificar la felicidad que sientes a través de lo que hagas: de tu pareja, de tu hijo, de tu trabajo, de un proyecto, de un hobby, lo que te dé la gana… en lugar de tratar de utilizar el esfuerzo o cualquier otro medio para llegar a sentirte feliz.

Esos momentos en los que has conseguido esa felicidad, la pregunta es: ¿cuánto dura? ¿Es estable? ¿Fluctúa o no fluctúa? ¡Lo normal, es que sí!

Si aprendieses a sentir esa sensación de felicidad de forma natural y que esa sensación de felicidad fuera la que te vincule con ideas, con personas, con circunstancias que amplifiquen todavía más cómo te sientes, ¿acaso no estarías viviendo la vida perfecta para ti?

Llegados a este punto, quiero vincular la felicidad a algo súper importante: al amor. Pero ¿al amor a qué? AMOR POR TI.

El amor hacia uno mismo

¿Tienes un grano en el culo? Seguro que lo rechazas y, si te duele, ¡más! Sé que, si tienes un grano en el culo y te duele y, además, es feo, es normal que lo rechaces. Hay una parte de ti que parece innata, que parece que no te puedes separar de ella, inherente a ti, y lo rechaza. Te comprendo. Prueba a darle amor a través de un “te amo”, pero no un “te amo” condicional, no un “te amo” porque quiero que te vayas, porque eres feo, desagradable y además dueles… Tiene que ser un “te amo” porque comprendo que estés ahí. Te amo porque respeto tu existencia y prefiero amarte antes que odiarte, porque amándote es posible que llegue un momento en el que, gracias al amor, te conviertas en parte del amor. Sin embargo, odiándote, es posible que engorde y que duela más, no solo a nivel físico, sino a nivel emocional.

¿Qué te duele más, el sentimiento de rechazo o el propio dolor físico? ¿Qué pesa más? Normalmente suele ser el propio sentimiento de rechazo que hace que todo lo negativo se amplifique; igual que cuando te sientes bien, todo lo que te rodea amplifica lo bien que te sientes entonces. Para mí hay una propuesta muy seria y directa: el amor como misión de vida. Si el mundo se llenase de amor, no habría problemas.

¿Cómo puedo amar aquello que me hace daño? ¿Cómo puedo amar aquello que me resta belleza, aquello que me resta capacidad, aquello que me resta dinero, aquello que me resta energía? ¿Cómo lo puedo amar?

No te voy a dar ninguna receta para que comprendas que, amándolo, lograrás integrarlo y convertir todo en amor, pero te puedo dar un paso: ámalo a través de una declaración intencionada de amor reiterada, repetitiva. Comienza todo aquello que ves dando amor y, cuando las dudas en ti se impongan a través de la mente hostil que trata de hacer que abandones, ¡insiste! Insiste a través de amor. Insiste con un “te amo sin condición, todo está bien. Prefiero llenarte de amor antes que llenarte de odio, porque llenándote de amor tengo más probabilidades de que termines formando parte del amor”.  Sin embargo, si ya eres odio y te entrego más odio, el gigante será más grande.

 


 

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» ¿Qué es la felicidad?
» La gran pregunta: ¿Cómo ser feliz?
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